En 2030, el 39 % del sector arrocero podría desaparecer

Para muchos colombianos es difícil almorzar cada día sin su porción de arroz, un cultivo que tradicionalmente ha sido la principal fuente de ingreso para más de 16.000 agricultores en el país que trabajan para suplir un consumo per cápita cercano a los 42,2 kilogramos.

Sin embargo, los arroceros colombianos necesitarán ser más competitivos y tener una visión exportadora si no quieren perder terreno de aquí al 2030, fecha en la que habrá una apertura comercial total con Estados Unidos y las importaciones procedentes de ese país tendrán arancel cero, de acuerdo con lo que se pactó en el Tratado de Libre Comercio.

Así lo establece un estudio realizado por Fedesarrollo con apoyo de la Cámara Induarroz de la Andi (la cual reúne a los industriales) en el que se indica que si no se avanza en competitividad el sector arrocero colombiano podría desaparecer hasta en un 39,5 por ciento, entre área sembrada, número de productores y unidades de producción agropecuaria, pues se vuelve más atractivo traerlo del exterior que producirlo aquí.

“Tenemos que estar preparados en términos de ser lo suficientemente competitivos y productivos para que en el 2030 el sector arrocero colombiano produzca la mayoría de su arroz y podamos mantener unas altas áreas cultivadas y consumir la mayor cantidad de arroz del país”, aseguró Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

Sin embargo, a Rafael Hernández, gerente de Fedearroz, gremio que reúne a los productores, le parece exagerada tal afirmación y asegura que están haciendo la tarea a través del programa Amtec (Adopción Masiva de Tecnología); no obstante, reconoce que es algo que cuesta tiempo porque se trata de un cambio cultural.

“Si no hubiéramos mejorado en competitividad ya no estaríamos aquí. Pareciera que no verificaron bien qué se está haciendo. Acepto que habrá una reducción, pero habrá mayor productividad. La Federación desde el 2012 está trabajando en el programa Amtec, donde hemos logrado reducir los costos de producción. El riego y consumo de agua han caído un 42 por ciento; el uso de fertilizantes, un 30 por ciento; o el de agroquímicos, otro 35 por ciento”, explicó el líder gremial.

Actualmente, la producción nacional se destina casi en su totalidad al mercado doméstico, pero no se exporta, solo ha habido pequeños pilotos a algunos países, lo que en ocasiones –dice el estudio– ha dado lugar a periodos de sobreoferta y variaciones del precio del paddy a la baja, afectando negativamente al agricultor.

Ante esa situación y la apertura comercial que traerá mayor competencia, el estudio indica que exportar será la clave. Sin embargo, para competir se debe trabajar en acciones que permitan aumentar los rendimientos por hectárea y ganar eficiencia en la estructura de costos, al tiempo que desde el Gobierno también se implementan políticas que conduzcan a una mayor productividad.

El estudio ‘Cómo lograr un sector arrocero competitivo para 2030’ indica que el libre comercio exigirá a los agricultores tener un excelente manejo del cultivo, lo que incluye mecanización, agricultura de precisión o que las empresas privadas que ofrecen semilla certificada encuentren mecanismos para garantizar una buena calidad de su producto.

Pensando en el exterior

“Claro que exportaremos. Todo lo que se está haciendo implica cambios culturales en los agricultores, pero no es fácil conseguir que 16.000 agricultores hagan un cambio cultural de un día para otro, se requiere tiempo y se hace camino al andar”, aseguró Hernández.

En concreto, dice que la tecnología para ser competitivos ya existe en el sector, pero que los agricultores no la están utilizando y en el futuro se debe transferir este conocimiento. Al igual, habla de incentivar el crédito a través de alianzas entre las asociaciones de agricultores, los molinos, las casas comerciales y los bancos.

Además, dice que existe un limitado acceso a tierras con riego y deficiencias en el manejo del recurso hídrico. En ese sentido, recomienda aumentar las tierras de riego y fomentar la construcción de reservorios basados en el programa de cosecha de agua lluvia para fines productivos.

“Muchas de las recomendaciones se han venido asumiendo con estrategias de apoyo a la comercialización, financiación para la compra de maquinaria y equipos, provisión de bienes públicos, programas de promoción al consumo, extensión agropecuaria y un plan de ordenamiento a la producción”, indicó el ministro de Agricultura, Rodolfo Zea Navarro.

Y es que al contrario de lo que ocurre en países exportadores de arroz, como EE. UU. o Perú, que tienen sistemas de riego con altos rendimientos por hectárea, la producción nacional en los últimos años se ha volcado principalmente hacia la región de los Llanos Orientales (Meta, Casanare y Arauca), la cual mantiene un sistema secano.

Para solucionar este problema, el gerente de Fedearroz dijo que el Gobierno tiene que invertir en distritos de riego. “Colombia sembraba hace unos años el 60 por ciento de su arroz bajo riego y 30 en secano y hoy es al revés. En la medida en que crezca el área de secano el rendimiento baja. Si hubiera distritos de riego se ganaría en productividad. Además, se necesita más infraestructura de vías terciarias”, afirmó.

Otra recomendación es la de que todos los integrantes de la cadena productiva del arroz deben trabajar de la mano y concertar una agenda de competitividad con objetivos comunes y con visión de largo plazo. Esta cadena la componen los agricultores, la industria, el comercio y el consumidor final. Igualmente, están los eslabones de apoyo como los proveedores de semilla, maquinaria e insumos, entre otros.

Por ejemplo, en el segundo eslabón, los molinos juegan su papel brindando apoyo a los agricultores que les venden su arroz paddy. Y en el eslabón terciario, el comercializador lleva el grano al consumidor final. “Respecto del segundo eslabón (la industria), se deben promover políticas que incentiven mecanismos de crédito para los productores de arroz respaldados por los contratos de adquisición del producto por el comprador, mientras que los actores del tercer eslabón, asociados a las actividades de comercialización, deben enfocarse en estrategias de promoción al consumo diferenciadas según el tipo de consumidor, con el objetivo de generar una demanda nacional más sofisticada que tenga mayor injerencia en la producción”, recomendó Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo.

Tomado de El Tiempo: https://bit.ly/3uihNGQ



Deja una respuesta

A %d blogueros les gusta esto: